Anotar cuánta energía damos o tomamos puede proveernos un estimado para saber dónde nos encontramos en términos espirituales.
Entre los ejemplos de tomar energía se incluyen: ver televisión, el chisme, los excesos y las quejas.
Entre los ejemplos de dar energía se incluyen: esfuerzos de voluntariado, brotes de creatividad, nuevos proyectos positivos y compartir apoyo con un amigo.
¿No es extraño cómo las cosas de las cuales tomamos energía nos hacen de hecho sentir más drenados, mientras que las formas en las que damos nos energizan más?
¡La única forma de obtener más energía es dándola!

Ser fan implica ser fanático, de ahí su nombre. El fan está obsesionado con su ídolo, lo adora en todas las maneras posibles, quiere su bienestar incluso por encima del suyo propio, y no le importa ser ignorado e incluso despreciado por él o ella, con tal de llamar su atención... ya se sabe son personas que no pueden estar por todo y los fans somos así, gratuitos.
Ser fan también implica ponerse como loco/a cuando el ídolo te presta algún tipo de atención o tiene algún tipo de consideración. Los fans llaman a esto humildad del ídolo, para muchos otros no es más que un acto de tirar migajas de cariño para que sigan ahí.
¿Y qué pinta esta reflexión en un blog de psicoterapia? Tengamos en cuenta que los fenómenos de fans que observamos en tv son inmediatos, un determinado cantante saca un disco y la discográfica ya le organiza un club de fans que canaliza todas las energías de aquellos que están deseando adorar algo, lo que sea. Pero en la vida real, en la vida que requiere tiempos de cocción más pausados, también se da el fenómeno fan, y de una manera más cruda y dolorosa, como por ejemplo en las relaciones de pareja.
Cuando vemos relaciones en las que uno de los dos miembros de la relación se somete a los deseos del otro lo que estamos observando es la foto casi definitiva de un fenómeno que tiene mucha historia pasada, ya que nadie se resigna a adorar al otro de buenas a primeras. Para ello uno tiene que buscar alguien que adorar y el otro alguien que le adore. Y no es necesario que ninguno de los dos sea consciente de ello. El primero costumbra a ser un narcisista (en cualquiera de sus diversas modalidades) y el segundo un dependiente. Estas personalidades se sienten cómodos así, esta forma de interacción da sentido a sus vidas. El problema es cuando no somos así y se espera que lo seamos. Entonces la cosa se complica, tanto si eres el adulado como si se espera que adules.
Ser fan es un proceso natural elegido por uno mismo desde la libertad, sabiendo que puede escoger ser pareja paritaria si quiere.
SABER LO QUE BUSCO

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Cuando nos encontramos en estas situaciones, nos enfrentamos ante oportunidad poderosa de conocernos de una manera muy especial, es decir, si reconocemos de lo que trata el momento. Si no lo hacemos, entonces, como descubrió mi amigo el ingeniero, este tipo de conexión puede volverse algo muy confuso ¡y hasta atemorizante! El secreto de dichos encuentros es la esencia del misterio del tercer espejo.
Para sobrevivir en nuestras vidas, todos hemos comprometido grandes partes de lo que somos. Cada vez que lo hacemos, perdemos algo por dentro de forma sociablemente aceptable, pero así y todo dolorosa. Asumir el papel de adultos y dejar ir la infancia tras una ruptura familiar; perder la identidad racial al fundirse las culturas y sobrevivir un trauma de nuestra juventud reprimiendo las emociones de dolor, ira y cólera son ejemplos de partes de nosotros mismos que perdemos.
¿Por qué haríamos algo así? ¿Por que traicionaríamos nuestras creencias, amor, confianza y compasión sabiendo que son la pura esencia de lo que somos? La respuesta es sencilla:
para sobrevivir. Cuando niños, es posible que hayamos descubierto que es más fácil permanecer en silencio que emitir una opinión bajo el riesgo de ser ridiculizados o invalidados por padres, hermanos, hermanas y compañeros. Igual al tema de abuso en una familia es mucho más seguro "transigir" y olvidar, en vez de oponerse a aquellos que tienen poder sobre nosotros. Como sociedad, aceptamos el asesinato de personas durante la guerra, por ejemplo, y lo justificamos como circunstancias especiales. Todos hemos sido condicionados a ceder ante el conflicto, las enfermedades y las emociones abrumadoras en formas que solamente ahora estamos comenzando a entender. En cada caso, tenemos la oportunidad de ver una poderosa posibilidad en vez de juzgar lo que es bueno y malo.
Por cada parte de nosotros que cedemos para llegar a ser lo que somos, queda una vacío esperando ser llenado. Estamos buscando constantemente lo que sea que pueda llenar ese vacío en particular. Cuando nos encontramos con aquel que tiene las mismas cosas que hemos entregado, se siente bien estar a su lado. La esencia complementaria de la persona llena nuestro vacío interior y nos hace sentir enteros de nuevo. Esta es la clave para comprender lo que le ocurría a mi amigo ingeniero y en los otros ejemplos previamente tratados.
Cuando encontramos en los demás nuestras piezas "faltantes", nos sentimos poderosa e irresistiblemente atraídos hacia ellos. Incluso podemos pensar que los "necesitamos" en nuestras vidas, hasta que recordamos que nos sentimos tan atraídos hacia ellos por algo que todavía tenemos en nuestro interior... solamente que está dormido. En la conciencia de que seguimos poseyendo esas características y rasgos, podemos desenmascararlos y reincorporarlos a nuestras vidas. Y cuando lo hacemos, descubrimos de repente que ya no nos sentimos poderosa, magnética e inexplicablemente atraídos hacia la persona que nos reflejó esas características originalmente.
Reconocer nuestros sentimientos hacia los demás por lo que son, y no por lo que nuestro condicionamiento ha hecho de ellos, es la clave del tercer espejo de las relaciones. Esa emoción inexplicable que sentimos cuando estamos con alguien, ese magnetismo y ese fuego que nos hacen sentir tan vivos, ¡somos realmente nosotros! Es la esencia de esas partes nuestras que hemos perdido y nuestro reconocimiento de que las deseamos de nuevo en nuestras vidas. Con esto en mente, regresemos entonces a la historia de mi amigo ingeniero.
Ciertamente, hay muchas posibilidades de que, sin saberlo conscientemente, mi amigo veía en esas mujeres piezas de él que había perdido, entregado o le habían arrebatado durante su vida. Hay muchas probabilidades de que le hubiera ocurrido igual con los hombres, pero él no se permitía sentir lo mismo debido a su condicionamiento. En su experiencia, las cosas que había perdido eran tan predominantes que las encontraba en casi todas las perso- ñas que conocía.
No obstante, al no entender sus emociones, se sentía impulsado a seguirlas de la única forma que conocía. Él creía honestamente, que cada encuentro era una oportunidad de ser feliz porque se sentía bien cuando estaba con las mujeres. Aun así amaba muchísimo a su esposa y a su hijo; cuando le pregunté una vez si los dejaría, me miró estupefacto. No deseaba terminar su matrimonio, pero seguía el impulso que sentía hacia situaciones comprometedoras hasta que la pérdida de su familia se convirtiera en un peligro inminente.
Extracto de La Matriz Divina.
Gregg Braden.

A medida que nuestras lentes se vuelven más nítidas, se cuestionan todas las verdades internas y externas bajo la gran luz brillante del escrutinio. Tenemos muchísimas décadas de tiempo bajo nuestro cinturón, ¿por qué no podemos recordar quiénes somos y qué viene a continuación? Antes, había que probar para saber si algo valía la pena, ahora todo eso es pasajero y confunde nuestros sentidos. Nos inclinamos en el asiento del alma con nuestro corazón interno dirigiéndonos hacia aguas desconocidas en un mar de confusión. Se requiere la certeza sin la cobertura de caramelo de la duda para cumplir nuestras obligaciones energéticas. La duda no puede vivir en un mundo que se está moviendo a más velocidad que la luz.
En estos cambios y energías inminentes, es imperativo avanzar si no vamos a hundirnos en el pantano dimensional de la Tierra. El Universo demanda movimiento y pensamiento, consideración y consecuencia. Justo cruzando la línea del estado hacia la manifestación, uno debe abarcar todos los caminos que conducen a casa. La vida es densa y contiene más que en el pasado. La Tierra ha cambiado y su gente también, ajustándose continuamente a todo lo que se les arroja. Las personas están endurecidas y enternecidas al mismo tiempo. Este conflicto crea tensión en el cuerpo, causando dolores inesperados. Las emociones están en alerta máxima a medida que el cuerpo siente todos los desplazamientos globales, los cambios y decisiones sin prueba alguna.
Nos doblegamos ante las demandas de la vida encontrándonos en el limbo la mayoría de las veces, queriendo escapar y al mismo tiempo queriendo detenernos y abarcar todo lo que tenemos alrededor ya que está cambiando tan rápidamente que tratamos de curvar el tiempo como una cuchara de plata envolviéndolo alrededor de nosotros. Cada amanecer trae más elecciones, cambios y desafíos. Las cuerdas del corazón son tensadas, las billeteras son arrancadas y las emociones están sin procesar. Las energías no vienen tranquilizadoras y suaves sino como espinas en la coronilla y el corazón.
Entren poco a poco en estos tiempos turbulentos que llegan. No esperen que ellos los sostengan mientras gritan, mientras lloran o se conduelen. Permítanles ser lo que son y permítanse ser lo que ustedes son, muy humanos en un campo de juego divino en un juego que cambia y los desafía a diario. Conviértanse en un arrecife en el mar profundo y permitan que las energías naden alrededor, manténganse firmes en lo que son y hacen, no se suelten mientras las grandes olas vienen y se llevan las orillas del ayer.
Gillian MacBeth-Louthan

Cada uno de nosotros ha entregado de forma maestra las partes de nosotros mismos que sentíamos era necesario entregar en el momento para nuestra supervivencia física o emocional. Al hacerlo, es fácil vernos como "menos que" y quedar atrapados en nuestras creencias sobre lo que queda. Para algunas personas, el canje ocurre sin darnos cuenta sin darnos cuenta de lo ocurrido; para otras personas, es una decisión consciente.
Una tarde, mientras trabajaba en la misma corporación de defensa con mi amigo ingeniero, una invitación inesperada llegó a mi escritorio. Era una presentación informal para la Casa Blanca y los oficiales militares del sistema de armamento recién desarrollado llamado:
Iniciativa Estratégica de Defensa (SDI por sus siglas en inglés), popularmente llamado "Guerra de las galaxias." Durante la recepción, después del evento, tuve la oportunidad de escuchar una conversación entre uno de los oficiales militares de alto rango y un director general de nuestra compañía.
La pregunta que hizo el director estaba relacionada con el costo personal en el que el otro hombre había incurrido en su posición de poder. "¿Qué sacrificios ha tenido que hacer para llegar donde está hoy en día?" le preguntó. El oficial describió cómo había escalado los rangos militares y del Pentágono hasta una posición de autoridad en una enorme corporación multinacional. Yo escuchaba al hombre responder con un candor y una honestidad poco usuales.
"Para llegar donde estoy," comenzó, "tuve que entregarme al sistema. Cada vez que avancé en el rango perdí una parte de mí mismo en mi vida. Un día me di cuenta que estaba en la cima y miré mi vida en retrospectiva. Lo que descubrí es que había dado tanto de mí que no quedaba nada. Las corporaciones y el ejército son mis dueños. Dejé ir las cosas que más amaba: mi esposa, mis hijos, mis amigos y mi salud. Cambié esas cosas por poder, riqueza y control."
Quedé sorprendido ante su honestidad. A pesar de que este hombre había admitido que se había perdido en el proceso, estaba consciente de lo que había hecho. Estaba triste, pero para él era un precio que había valido la pena pagar por su posición de poder. Aunque probablemente, no por las mismas razones, cada uno de nosotros ha podido hacer cosas similares en el transcurso de su vida. Sin embargo, para muchos de nosotros, la meta es menos cuestión de poder y más de supervivencia.
Cuando se encuentre con alguien en su vida que active un sentimiento de familiaridad lo invito a que se sumerja en el momento. Algo raro y precioso está ocurriendo en ambos:
acaba de encontrar a alguien que guarda las piezas que usted está buscando: a menudo es una experiencia mutua, ¡y la otra persona se siente atraída hacia usted por la misma razón!
Usando su poder de discernimiento, si siente que es apropiado, inicie una conversación.
Comience por decir algo, cualquier cosa, para mantener el contacto visual. Mientras habla, hágase mentalmente esta sencilla pregunta: ¿Qué veo en esta persona que he perdido en mí, que he entregado o que me han quitado?
Casi de inmediato le llegará una respuesta a su mente. Puede ser tan simple como un sentimiento de comprensión, o tan claro como una voz en su interior que usted reconoce y que ha estado con usted desde su infancia. Las respuestas son a menudo palabras sencillas o frases cortas, y su cuerpo sabe lo que es significativo para usted. Quizá sencillamente perciba en esa persona una belleza que siente le hace falta en su interior en ese momento.
Puede ser la inocencia de esa persona en la vida, la gracia con la que camina por el pasillo del supermercado, o su confianza mientras realiza sus labores, o simplemente el brillo de su vitalidad.
Su encuentro sólo necesita durar unos segundos, quizá unos minutos máximo. Esos breves instantes son su oportunidad de sentir la alegría y la euforia del momento. Usted ha encontrado una parte suya en otra persona, algo que usted ya tiene, así como el sentimiento de que se despierte ese algo.
Para aquellos de nosotros que nos atrevemos a reconocer el sentido de familiaridad en dichos encuentros momentáneos, el espejo de la pérdida es probablemente algo con que nos encontramos cada día. Encontramos la plenitud en nuestros seres cuando los demás nos reflejan nuestra verdadera naturaleza. Colectivamente, estamos buscando nuestra lenitud, y como individuos creamos las situaciones que nos llevan a encontrarla. Desde los miembros del clero hasta los maestros, personas mayores y jóvenes, padres e hijos, todos somos catalizadores de sentimientos.
En esos sentimientos, encontramos las cosas que anhelamos para nosotros, las cosas que siguen con nosotros, pero que están escondidas tras las máscaras de lo que creemos que somos. Es natural y es humano.
Comprender lo que nuestros sentimientos hacia los demás nos están diciendo, en realidad, puede convertirse en una poderosa herramienta para descubrir nuestro mayor poder.
Extracto de La Matriz Divina.
Gregg Braden.
PARA LOS QUE TRABAJAN CON LAS MANOS
Y PARA LOS QUE TRABAJAN CON LA CABEZA.
PARA LOS QUE PONEN EL ALMA Y EL CUERPO.
PARA LOS QUE SUEÑAN CON TRANSFORMAR EL MUNDO CON SU TRABAJO.
FELIZ DÍA DEL TRABAJADOR A LAS MUJERES Y HOMBRES QUE TRABAJAMOS
POR LA CONSTRUCCIÓN DE UN MUNDO MEJOR...♥