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martes, 12 de febrero de 2013

Hacer trampas al final pasa factura...♥


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Decía Cicerón “ut sementem feceris ita metes“, es decir, “aquello que siembres, recogerás“. Algunos se sienten satisfechos con un “pelotazo” profesional, un expediente disfrazado o una inyección artificial de seguidores en Twitter. Uno puede pintar un cubo de Rubik con pinturas y auto-engañarse sintiendo que ya lo ha conseguido, e incluso presumir ante los demás de ello y quedarse tan contento, perola vida le seguirá poniendo delante otros retos que no será capaz de resolver si no ha descifrado el cubo de Rubik por sí mismo, sin trampas.
Lo mismo pasa con el crecimiento personal, que a menudo nos sentimos aliviados por haber encontrado por fin la “receta mágica” que solucione todos nuestros “males”. Si se tratase de llegar a un determinado resultado y ya está, no lo llamaríamos crecimiento personal sino “perfección personal”. Pero la palabra “crecimiento” es muy acertada, porque no se trata tanto de llegar a determinado punto, sino de estar constantemente revisándonos para mejorar cada día.
Más valdrá, por tanto, que tardes dos años en aprender a resolver el cubo de Rubik, por lento que le parezcas al mundo y por mal que te sientas durante esos dos años por no sentirte capaz, que haberlo hecho muy rápido desde el principio sin haber aprendido todas las demás cosas que te supondrán los dos años de entrenamiento hasta conseguirlo. ¡No vales sólo por lo que consigues, sino también y sobre todo por los sueños que tienes, la voluntad que pones, y la perseverancia con que luchas!
Para que nuestros cambios sean sostenibles en el tiempo, deben comenzar con un cambio de dentro, donde no importan tanto los resultados, ni las trampas que puedan hacernos parecer una cosa o la otra. Lo realmente importante no es tanto conseguir determinado resultado (algo que busca el ego) sino adquirir habilidades, mejorar nuestra actitud, desarrollar cada vez más recursos internos…
Para ser una persona de éxito, una persona creadora de abundancia personal y profesional, no serán las trampas las que te salven, ni mucho menos las que te hagan sentir feliz y pleno, sino el trabajo constante, la fuerza de voluntad, la autenticidad y la honestidad contigo mismo y el mundo.
http://filocoaching.com

sábado, 23 de junio de 2012

UNA TRAMPA...♥




Una conversación entre dos amigas, en cualquier cafetería:
- … no entiendo por qué estás tan preocupada. Estoy bien. Hay veces que una tiene que hacer cosas que no apetecen, pero así es la vida.
- Si, ya veo que has tomado una decisión en firme… Aunque ya sabes que a la larga seguir con esto quizá no es lo que querrías, ¿verdad?
- Quién sabe… ahora creo que esto es lo que tengo que hacer, ya me he comprometido, y no voy a dejarlo, ya sabes lo cabezota que soy… soy así y no voy a cambiar ahora. Seré consecuente conmigo misma, aunque sea difícil…
- Como siempre, lo planteas todo a ganar o perder…
- ¿Qué quieres decir con eso?
- Que crees que las cosas o te tienen que salir o no salen. Tú pones toda la carne en el asador para ganar, comprometiéndote hasta el tuétano, porque no te gusta perder…
- A nadie le gusta.
- Completamente de acuerdo. Pero a veces, por no querer perder, pierdes más a la larga. A veces, perdiendo, se gana.
- No te entiendo…
- Bueno, voy a ponerte un ejemplo, con una anécdota que me contaron hace poco:


En un lugar remoto, una tribu de indígenas capturaba monos vivos. Como no querían que sufrieran daños y que fuera relativamente fácil cogerlos, se inventaron una sencilla trampa. Era la siguiente: cogían unas calabazas y las vaciaban, dejándolas atadas a un árbol. Sólo dejaban un pequeño agujero en la parte de arriba, de manera que un mono podía meter la mano dentro pero con dificultad. Dentro de cada calabaza metían unos cacahuetes. Éstos eran el cebo. Una vez preparado todo, dejaban las calabazas atadas a unos árboles y se emboscaban a esperar.
Al cabo de un rato, los monos olían la comida y se acercaban. Veían los cacahuetes dentro de las calabazas. Por supuesto, estiraban la mano, la metían dentro de la calabaza y cogían un puñado de comida. El problema (y la trampa) era que con el puño cerrado, no podían sacar la mano de la calabaza, el agujero era demasiado estrecho. Estaban atrapados. Entonces los cazadores salían en tropel de su escondite para cogerlos. Los que se empeñaban en intentar sacar la mano con el puño cerrado para no soltar la comida, eran capturados. Y los que renunciaban a la comida y sacaban la mano, podían huir a tiempo.

- Hay veces que podemos quedar atrapados por cosas que queremos, o por compromisos que hemos adquirido con nosotros mismos. Pero como ves, no siempre es cuestión de ganar o perder…




VÍA UN RINCÓN IN SEGURO