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sábado, 24 de octubre de 2015

TU TAMBIÉN PUEDES ESTAR CANSADO


Nos han enseñado a resistir. A vencer a base de voluntad, de esfuerzo, de entrega y de sufrimiento.


Cuando las batallas se encrudecen, aún, hay que seguir resistiendo. Nos dicen que resistir es vencer y que sin dolor no hay placer.


Pero uno, a veces, también reivindica su derecho a estar cansado. El cansancio puede no ser ni físico, porque en realidad el empeño, la fortaleza de carácter, la disposición para seguir todo eso tiene que ver con lo psíquico, con el equilibrio interior, con la armonía propia.


Deberíamos tener derecho al cansancio. A decir que “los problemas me dejen en paz”, por un ratito; a poder descansar en la nada, a darnos tiempo para jugar con el vacío y a esperar sin mover un dedo.


No hay peor cansancio que el del alma. Ese que parece que añade a la espalda una losa. Ese que te hace ser lento al escuchar y aún más al responder. Ese que le gustaría dejarte reposando por un tiempo para salir de nuevo a la vida con el brío que se nos exige desde ella.


Y es que hay veces que hay que reponer fuerzas, comer del árbol de la ilusión de nuevo, beber de la fuente del amor de pleno y reposar los manjares para que el entusiasmo vuelva a desbordarnos.


Porque, para ser sinceros, no hay situación más placentera que sentirnos bien, con ganas de luchar, encaramados a la pasión, por lo que sea, y enredados en la energía vitalista de “comernos el mundo”.


Se dice que ese estado viene de dentro, es cierto. Pero son muchas cosas del exterior la que nos permiten ganar la partida al hastío.


Lo que no acabamos de entender es que tenemos que convertirnos en buscadores de nuestro propio petróleo. Pero no sólo hay que buscar dentro. Me convenzo que fuera también hay respuestas.


Hay que salir. Hay que conocer nuevas situaciones. Gente nueva. Voces diferentes y sonidos distintos. Hay que escuchar melodías que susciten nuevos entusiasmos y con ellos, recomenzar.
VÍA MIRAR LO QUE NO SE VE

viernes, 21 de marzo de 2014

¿POR QUÉ ME CANSO TANTO?



P: Estoy tan cansado con mis responsabilidades. No duermo bien y el viaje nocturno y los sueños que tengo me dejan con un sentimiento pesado y entristecido.

R: Tal vez te sirva verificar lo que te has asignado como tus responsabilidades. Es muy probable que estés intentando manejar o controlar cosas que no son tuyas. No servirá ni funcionará. Pertenecen a otros o son parte del orden natural de las cosas.

- John Morton

lunes, 9 de diciembre de 2013

ESTOY CANSADO...♥



Hay muchas personas que están en éste estado, cansadas, hastiadas, pero más que el cansancio físico, es el cansancio del alma el que se hace insostenible.


Esta misma mañana cuando meditaba, entré en un espacio en el que escuché a una persona afligida por su cansancio álmico. Sentí su peso, sentí su propio cansancio que ahora os traslado con su permiso y luego, mi reflexión:


Estoy cansado de los reproches, de seguir esperando un cambio de actitud, un cambio de consciencia, estoy cansado de promesas que nunca llegan a cumplirse, estoy cansado de llenar mis ilusiones, pensando que..., estoy cansado de que no tomes mis palabras en cuenta, estoy cansado de que no me escuches…, estoy cansado de ver que no hay amor en ti, estoy cansado de tu irascibilidad sin razón, voy a silenciarme, me vuelvo sobre mí para re-encontrarme. Estoy cansado…



Desde luego jugamos con muchos mecanismos inconscientes de para agotar a otra persona, sobre todo si esta es sensible, y apenas somos conscientes de ello hasta que una voz de alarma se atreve a resonar con ese suspiro de ESTOY CANSADO. Naturalmente agotamos a otra persona cuando gota a gota menospreciamos sin pizca de sensibilidad sus actos cotidianos, cuando lo hacemos prisionero de un afecto, agotamos a alguien cuando llevamos anotado en la libreta del resentimiento años y años todo en lo que falló y a la mínima de cambios lo volvemos a sacar a relucir. Agotamos a nuestra pareja, a nuestros amigos, cuando especulamos, cuando nos mueve el interés, la agotamos cuando le exigimos, cuando marcamos unas normas, cuando la atamos a nuevas esperanzas sabiendo a ciencia cierta que no van a cumplirse.


Pero también somos nosotros mismos los que nos agotamos de sostener algo insostenible por el convencimiento de mil cosas; que cambiará, que es pasajero, que es la última oportunidad… ¿pero para quién?... nos agotamos por luchar, por retener, por no soltar y dejar ir. Nos agotamos porque pensamos que ya no tenemos libertad, que estamos atados de pies y manos y que nos es imposible salir de ahí. Nos agotamos porque le tememos al cambio.


A ti, si verdaderamente amas, escucha los mensajes de la luz que te llegan al oído, estás sosteniendo un pulso para “darte cuenta” que la forma más eficaz de recuperar fuerzas es el descanso, es la libertad, es recuperar tu poder, es amarte. Tienes que convertirte en in-acción para comprender, porque desde ahí no te llenas de pensamientos, planes, apegos, compromisos y haces que el orden divino mantenga el equilibrio, tu equilibrio. Así que no pierdas más energías y descubre que tú mismo eres el responsable por cómo te sientes.


©LUHEMA

jueves, 8 de agosto de 2013

SI ME VES CANSADA...♥






Si me ves cansada fuera del sendero,


ya casi sin fuerzas para hacer camino.






Si me ves sintiendo que la vida es dura,


porque ya no puedo, porque ya no sigo.






Ven a recordarme cómo es un comienzo,


ven a desafiarme con tu desafío.






Muéveme en el alma, vuélveme al impulso,


llévame a mí misma.






Yo sabré entonces encender mi lámpara


en el tiempo oscuro, entre el viento frío.






Volveré a ser fuego desde brasas quietas,


que alumbre y reviva mi andar peregrino.






Vuelve a susurrarme aquella consigna


del primer paso para un principio.






Muéstrame la garra que se necesita


para levantarse desde la caída.






Si me ves cansada fuera del sendero,


sin ver más espacios que el de los abismos.






Trae a mi memoria que también hay puentes,


que también hay alas que no hemos visto.






Que vamos armados de fe y de bravura,


que seremos siempre lo que hemos creído.






Que somos guerreros de la vida plena,


y todo nos guía hacia nuestro sitio.






Y que un primer paso, y que un nuevo empeño,


nos lleva a la forma de no ser vencidos.






Que el árbol se dobla, se agita, estremece,


deshoja y retoña, pero queda erguido.






Que el único trecho que da el adelante


es aquel que cubre nuestro pie extendido.






Si me ves cansada fuera del sendero,


solitaria y triste, quebrada, herida.






Siéntate a mi lado, tómame las manos,


entra por mis ojos hasta mi escondrijo.






Y dime . . . ¡SE PUEDE!,... e insiste,


¡SE PUEDE!,





Hasta que yo entienda que puedo lo mismo.






Marysol Salval.