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jueves, 1 de octubre de 2015

UNO PIERDE LO QUE QUIERE...♥


Perdí un juguete que me acompañó en mi infancia ...
Pero gané el recuerdo de quien me hizo ese regalo.

Perdí mis privilegios y fantasías del niño ...
Pero gané la oportunidad de crecer y vivir libremente.

Perdí a mucha gente que quise y amo todavía ...
Pero gané el cariño y el ejemplo de sus vidas.

Perdí momentos únicos de la vida porque lloraba en vez de sonreír ...
pero gané descubriendo que es sembrando amor como se cosecha amor.

Yo perdí muchas veces y muchas cosas en mi vida ...
Pero junto a ese "perder" hoy intento el valor de "GANAR".

¡¡ Porque siempre es posible luchar por lo que amamos!!
¡¡Y siempre hay tiempo para empezar de nuevo!!

domingo, 23 de junio de 2013

COSAS QUE NO PUEDES PERDER...♥




Cosas que no puedes perder
Cuando perder algo te preocupa demasiado, ya lo has perdido. Porque tu preocupación impide que obtengas cualquier tipo de valor de aquello que tanto te preocupa perder.
Las cosas cambian y lo que hoy está aquí, muy bien podría haber desaparecido mañana. Puedes preocuparte y angustiarte por ello, o puedes aprovechar al máximo, con alegría y amor, todo lo que ahora mismo tienes.
La felicidad que sientas en plenitud, no la perderás. Nada ni nadie podrá quitarte el amor que vives y ofreces.
Si te involucras demasiado en las cosas fugaces y superficiales de la vida, te estarás preparando para una terrible desilusión cuando ellas ya no estén contigo. En cambio, aprende a atesorar aquellas cosas con real sustancia, con sentido, esas que el tiempo y las circunstancias no pueden borrar.
Acostúmbrate a vivir cada día a pleno y con verdadero sentido. Verás que te preocupas menos por lo que podrías perder, y te concentras más en lo que tienes para aprovechar.
Agradece todo lo que tienes, aprovechándolo al máximo. Y siempre tendrás muchas cosas por las cuales estar agradecido.
Gabriel Sandler

viernes, 6 de abril de 2012

APRENDER A PERDER...♥



Nos hablaba @Yoriento en una muy interesante entrada en su blog hace unos días, sobre el condicionamiento que los resultados de decisiones pasadas ejercen sobre nuestras decisiones futuras.

Las personas sentimos una fuerte aversión por la pérdida, hasta el punto que preferimos dejar de ganar con tal de no arriesgarnos a perder. Esta aversión hace que perdamos la objetividad al evaluar las consecuencias de nuestras decisiones, e influye poderosamente en nuestra percepción de la realidad y, por consiguiente, en nuestro comportamiento.

Nos cuesta enormemente reconocer que nos hemos equivocado en algo y esa dificultad es tanto mayor cuanto más esfuerzo, tiempo o energía le hemos dedicado a ese algo.

Cuando estamos tomando una decisión deberíamos limitarnos a los riesgos y oportunidades que ésta pueda suponer en el futuro. Lo que hayamos hecho o dejado de hacer anteriormente con relación a ese mismo tema es, lo creas o no, totalmente irrelevante.

Curiosamente, y debido a esta aversión por la pérdida, no solemos actuar así, sino que incorporamos el pasado al escenario de nuestra decisión como si fuera parte integrante del presente, “contaminando” así nuestra decisión futura.

La buena noticia es que podemos librarnos de este condicionamiento si sabemos que nuestro comportamiento está influenciado por él y tenemos la voluntad de superarlo.

Se dice que el mejor vendedor es el que antes pierde una oportunidad de venta. Esto es así porque la tendencia natural es dedicar cantidades crecientes de tiempo y esfuerzo a fin de “rentabilizar” todo el tiempo y esfuerzo que has dedicado con anterioridad. Lo inteligente, sin embargo, es admitir lo antes posible que esa venta está perdida y dedicar todo el tiempo y esfuerzo disponibles a otras oportunidades de venta.

Por otra parte, los estudios demuestran que mientras no admites haber perdido sigues justificando la situación y continúas “apostando” en la misma dirección de tu error, lo cual no sólo hace que cada vez te resulte más difícil salir de esa espiral, sino que a la larga te conduce a la catástrofe.

Si por el contrario reconoces que has perdido, automáticamente dejarás de incluir tus errores pasados a la hora de decidir sobre tus acciones futuras.

Lo primero que ganas con ello es aumentar enormemente la probabilidad de que tu decisión sea la correcta.

También ganarás tiempo, todo el que habrías perdido hasta que la catástrofe no te hubiera dejado más alternativa que admitir tu fracaso. Seguramente también ganes dinero, todo el que dejarás de perder. Y muy probablemente ganarás calidad de vida, porque te estarás evitando un buen número de desilusiones, enfados, frustraciones, relaciones dañadas y oportunidades desaprovechadas. Saber perder pronto es sin duda productivo.

Al final se trata de vivir la vida con deportividad. No pasa nada por equivocarse. Todos lo hacemos. Lo realmente importante es cómo reaccionas cuando te equivocas, cuando pierdes. Puedes negar la evidencia y echarle la culpa a cualquier factor externo, para poder seguir profundizando en tu error, o puedes simplemente reconocer que has perdido, olvidar lo ocurrido y volver a empezar sin el lastre de los errores pasados.

Yo te recomiendo que aprendas a perder. Tienes mucho que ganar.

Seleccionado por Camila Ubierna de Óptima Infinito, escrito por Jose Miguel Bolivar

viernes, 23 de diciembre de 2011

SABER PERDER...♥

Image du Blog hadrianus.centerblog.net 



Autor: Jack Welch



[Jack Welch, presidente de General Electric durante veinte años, cuenta la lección que recibió de su madre y que le valió en la vida.]

“Era el último partido de hockey de una temporada nefasta. Como segundo capitán del equipo había yo marcado un par de goles y confiábamos bastante en nuestras posibilidades. Fue un buen partido y llegamos a la prórroga empatados a dos. Sin embargo, nuestros rivales enseguida marcaron un tanto y perdimos por séptima vez consecutiva. En un ataque de rabia, tiré el stick de hockey y me metí en el vestuario. Los demás ya se estaban quitando los patines y el uniforme. De pronto se abrió la puerta y entró mi madre, que era irlandesa.

La habitación quedó en silencio. Todas las miradas se posaron en aquella mujer de mediana edad, ataviada con un vestido floreado, que atravesaba la sala y pasaba junto a los bancos de madera en los que algunos de mis compañeros ya se estaban cambiando. Vino directamente hacia mí y me agarró del uniforme.

- ¡Eso no se hace! –me gritó–. Si no sabes perder nunca sabrás ganar. Y si no sabes ganar, no juegues.

Me avergonzó delante de mis amigos, pero nunca olvidé sus palabras. Mi madre me enseñó el valor de la competición, y también el placer de la victoria y la necesidad de asumir las derrotas.”