—El soberano del universo nos ha ordenado traerte a ti y a tu familia la comida de su propia mesa, y te pide que vuelvas a la corte para divertirle una vez hayas comido hasta hartarte, anunció el sirviente de más jerarquía.
Los ricos aromas de la comida harían, sin duda, que más de una boca se hiciera agua.
Nasrudin, de forma altanera pero sin alterar su voz, dijo:
—Ve al corral, en la parte de atrás de la casa, y dales la comida a mis cabras. Pero, por favor, no les comentes que son sobras, pues son criaturas orgullosas y podrían rechazar el alimento.
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